A unos 5500 metros por encima del nivel de la masa de agua donde una barcaza regular podría transitar, se encuentra la Corona del Inca, un paraje insospechado donde las vertientes cristalinas conviven con la imponente Cordillera de los Andes. Allí donde los remanentes de procesos volcánicos permiten sospechar sobre el pasado de esta zona de La Rioja, una laguna se pinta de intensos colores azules, en una armonía entre fuego y hielo.
Corona del Inca es un refugio de la impredecible cadena montañosa, donde los picos, las temperaturas extremas, los glaciares y volcanes de extraordinaria altura forman un entorno único. Los procesos volcánicos erosivos dejaron en el territorio una enorme cuenca sobre la que hoy se emplaza un prístino espejo de agua.
El desafío de llegar al techo del mundo
Ubicada a una distancia considerable de la ciudad de La Rioja, unos 550 km de trayecto al que se debe llegar sorteando el macizo en vehículos 4x4, se encuentra la Corona del Inca, el lago navegable más alto del mundo. Esta surge por el aporte de los deshielos de los glaciares perpetuos que se concentran en la gran depresión y forman esta albufera de intensos tonos azules.
Este reservorio, también conocido como Incapillo o Inca Pillú, no es solo un capricho geológico; es el resultado de eventos volcánicos explosivos que dieron paso a una caldera monumental. El paisaje parece extraído de un sueño de ciencia ficción: la laguna está custodiada por los "penitentes", gigantescas y afiladas agujas de hielo esculpidas por el rigor del viento y el sol, que se elevan como centinelas de cristal sobre el suelo árido.
Gigantes que custodian el silencio de la Puna
La inmensidad del entorno se completa con la presencia de los colosos de la región. Desde el cráter, la vista alcanza a divisar las siluetas del Monte Pissis, el Bonete y el Veladero, algunos de los volcanes más altos del planeta, que terminan de configurar este escenario de contrastes extremos en el corazón del Departamento Vinchina.
Llegar a la Corona del Inca no es una excursión convencional, sino una verdadera expedición de alta montaña. Debido a su altitud límite, la travesía exige una logística rigurosa: es obligatorio el uso de vehículos 4x4, contar con equipos de oxígeno y, fundamentalmente, realizar el ascenso con guías o agencias habilitadas. La falta de aire se compensa con una belleza que, literalmente, deja sin aliento.
El trayecto hasta el Cráter Corona del Inca
La temporada de visitas se habilita únicamente entre diciembre y abril, siempre supeditada a las condiciones climáticas de la cordillera, que pueden cambiar en cuestión de minutos.
Acceso: Se parte desde Villa Unión o Vinchina, atravesando la Reserva Provincial Laguna Brava.
Distancias: Unos 550 km de la capital riojana y 140 km de la localidad de Jagüé.
Exigencia: Alta. Requiere aclimatación previa y buen estado de salud.
Actividades: Fotografía de paisajes extremos, observación de glaciares y trekking de altura.